domingo, 13 de septiembre de 2009

La vida de los estudiantes en capital. Por Guido Rodriguez

“¿Siesta?”, pregunta sorprendido el estudiante proveniente del interior, como si fuera una acción que conoce, pero que olvidó hace un tiempo.

Sucede que desde su llegada a la gran ciudad, nunca más supo lo que es el descanso tras el almuerzo de cada uno de sus días, incluso también saltea comidas. Depende la agenda diaria, el joven (por cierto, imaginario) prefiere dejar de desayunar para no llegar tarde a su trabajo ya que eso implicaría, además de una falla hacia la empresa, el retraso de su extensa jornada.

Antes se trasladaba a pie o en bicicleta, ahora debe recorrer distancias más largas. También solía ver un paisaje decorado por el mar, que actualmente fue reemplazado por un par de montañas grises y de cemento. Aunque los kilómetros que lo separan de su lugar no sean muchos, simplemente podría decirse que su vida cambió por completo. Sin embargo, no hay tiempo para extrañar mucho, sino llegaría tarde a su clase: unos 50 minutos de viaje como ganado en colectivo y finalmente, puede sentarse en una butaca cuando faltan unas 5 cuadras para llegar.

El joven procura llegar a su hogar para poder descansar su cuerpo al menos unas horas. Una vez que logra hacerlo, cierra sus ojos y, en tan sólo un instante, vuelve a abrirlos. Un ruido lo molesta, el despertador…

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